Esta fascinante novela cuenta la vida de Rafael Guastavino, llamado “el arquitecto de Nueva York”. Aunque nació en Valencia en 1845. Este hombre mujeriego y desordenado con el dinero y la economía, casi podemos decir que salió huyendo de Barcelona dejando allí, entre los buenos recuerdos de infancia, muchos acreedores. Por eso nunca pudo volver.
Llega a Nueva York en 1881, justo unos 10 años después de que grandes incendios destruyeran las ciudades de Bostón y Chicago, así que para él, fue una tierra de oportunidades. Traía consigo una fórmula de construcción novedosa, grandes cúpulas, livianas e ignífugas. Conocido como “Guastavino System” patentado en 1885. Era una bóveda tabicada que había conocido en Europa. Esto le procuró un enorme éxito.
Su situación personal es un caos, consecuencia de su amor loco por las mujeres. Como bien dice un día a su hijo, él no "puede estar sin una mujer". Su primera mujer es su prima, Pilar Guastavino (aunque esta chica era adoptada por su tío). Con ella tiene 2 hijos. Pero luego, tiene una amante, Paulina, quien ya tiene dos hijas de su primer matrimonio, y juntos tienen otro hijo, Rafael. Cuando su primera mujer, Pilar, se entera de su segunda familia con Paulina, lo deja solo y sin dinero. Entonces, Rafael Guastavino se queda con Paulina, con quien, parte a Nueva York. Pero Paulina, no se adapta y vuelve a España con sus 2 hijas, de su primer matrimonio. Y Rafael se queda solo en Nueva York, sin dinero y con su hijo pequeño Rafaelito. Quien estudiará en Nueva York, aprenderá inglés y así se convertirá en un "apéndice de su padre" como él mismo dice. Años más tarde, será quien lleva las riendas de la empresa, cuando su padre sea mayor y exitoso.
Este famoso y a la vez olvidado arquitecto ha dado el conocido perfil a Nueva York. Él ha construido la Estación Central, el gran hall de la Isla de Ellis, parte del metro, el Carnegie Hall, la mítica Penn Station, la Biblioteca Pública de Boston, el Oyster Bar, o el Museo Americano de Historia Natural, entre otros más de 1000 edificios, de los cuales quedan unos 600 en pie.
Se codeó con la alta sociedad de New York de comienzos del siglo XX. Su sistema de construcción se servía de la eficacia estructural y la resistencia al fuego. Para convencer a los ricos magnates de Nueva York realiza un “acto” fastuoso que da el nombre al libro. Construye una gran bóveda, le coloca encima una gran carga de peso y debajo enciende una fogata y la construcción soporta perfectamente. A partir de ahí empieza a ganar proyectos desde todas las ciudades de Estados Unidos.
La investigación del autor es maravillosa, se basa en cartas personales, por eso desentraña sus vicisitudes amorosas y sus problemas de dinero. Es una novela que atrapa al lector desde el primer capítulo. Casi todo el mes de julio lo he dedicado a leer (y releer en algunos casos) a Javier Moro. Me gusta mucho este autor. Hay otras reseñas de él en este blog.
Su obra es tan magnífica que en 1978, cuando el ayuntamiento de NY quiso demoler la Estación Gran Central, Jacqueline Kennedy hizo una campaña pública para salvar el edificio. Y hoy existen guías especializadas con circuitos turístico para conocer sus maravillosas cúpulas.