Este libro está inspirado en una historia real. Christophe Roux sufre un accidente al zambullirse en el mar. Debido a esto queda parapléjico.
Song Tak es un joven camboyano, que sobrevivió al ataque de los Jemeres Rojos y logró huir hacia un campo de refugiados en Tailandia, gracias a la ayuda de organizaciones internacionales.
En una clínica de Francia coinciden Christophe y Song Tak. Ambos jóvenes se apoyan y ayudan mutuamente en el largo camino de la recuperación. Descubren que la solidaridad es el camino para sanar. El mensaje que deja esta historia es que el dolor puede mejorar a las personas. Como las cosas simples y cotidianas son un gran desafío para ambos protagonistas. Un punto difícil de superar es la sexualidad, es uno de los conflictos internos más difícil de superar.
A medida que el libro avanza, vamos conociendo la historia de ambos jóvenes y como la familia de Christophe vive la recuperación de su hijo. Su madre es una ferviente católica y esto la ayuda a sobrellevar la situación.
Christophe y Song descubren, durante su enfermedad y su rehabilitación, la grandeza de la solidaridad y empatía con los enfermos más desprotegidos. Lo positivo de la solidaridad humana. Sus experiencias con el dolor son positivas y sin atravesar por estas situaciones tan extremas, las personas no serían quienes son.
Song Tak, finalmente, vuelve a Camboya para ayudar a otros a partir de su proceso de rehabilitación. Es entonces cuando decide colaborar en la fabricación del “pie de Jaipur", una prótesis creada en la India que, aparentemente, da buen resultado.
Esta frase es reveladora: “hacer algo por los demás era una manera de luchar contra la desesperanza, una manera de conjurar el horror”. Es un mensaje que deja pensando al lector. El libro no termina, sino que deja su enseñanza, para reflexionar.
Al final los jóvenes se reencuentran en las Para olimpiadas de Barcelona de 1992.