Un simple tramité administrativo, como es anotar el nacimiento de un hijo, dispara toda una serie de recuerdos y datos biográficos del protagonista. En Libro de familia, Patrick Modiano vuelve a llevar al lector por ese universo exclusivo, es decir, una frontera difusa entre la memoria y el olvido, entre la vida vivida y la vida recordada. Lo que podría parecer un documento administrativo anodino —el “livret de famille” francés, ese cuadernillo donde se inscriben los nacimientos, matrimonios y defunciones— se convierte aquí en el disparador de una indagación profunda y melancólica sobre los orígenes, la herencia y la identidad.
El punto de partida es una escena íntima, y casi, podría decirse, cinematográfica: un padre contempla a su hija recién nacida tras el cristal de la maternidad. Mientras la niña duerme —ajena aún a la memoria y a la historia—, el padre sostiene el libro de familia, listo para inscribirla en el registro civil. A partir de allí, el protagonista, que es a la vez el autor, comienza a recorrer su propia historia, su propia vida. Entre documentos, recuerdos, silencios y huellas apenas visibles de un pasado siempre escurridizo.
Modiano reconstruye la historia de sus padres —el matrimonio clandestino durante la Ocupación, los años de juventud de su madre actriz, el padre fugitivo que vivía al margen— y va trenzando esos fragmentos con escenas de su propia vida: viajes, búsquedas, intuiciones, la irrupción súbita del tiempo en una librería cualquiera. París, Alejandría, Amberes: los escenarios se suceden como en un sueño atravesado por voces lejanas, documentos y recuerdos, como en una vieja película con voces que se pierden en el olvido, el tiempo y la memoria.
Este libro propone una lectura introspectiva, envolvente, en la que cada página sugiere más de lo que dice. Como en toda la obra de Modiano, lo importante no es tanto lo que se encuentra como la forma de buscar. El libro no entrega respuestas, pero nos lleva a pensar que la identidad no es un punto de llegada, sino un camino que se construye, que se crea día a día vivencias y momentos. Sin olvidar las personas que van apareciendo como trozos de vidrios de colores en un caleidoscopio, fragmentos de sombras y nostalgias.
Una lectura imprescindible para quienes disfrutan del arte de evocar, de los relatos e hisotiras de la buena literatura, construida palabra a palabra, paso a paso. En esta historia se entremezclan lo autobiográfico con lo literario. Este autor tiene su estilo inconfundible, te gusta o no te atrapa o no. No hay grises en su prosa. Es un estilo personal y autobiográfico. Podría decirse que es un verdadero cartógrafo de la memoria.
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