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Un cuarto propio. Virginia Woolf. 1929

Este libro de Virginia Woolf está más vigente que nunca, en estas épocas de feminismos alterados. Es un ensayo, pero a la vez un manifiesto sobre el lugar de la mujer en la sociedad, sobre la sumisión y opresión del patriarcado. Hay que tener en cuenta que lo escribió en 1929. 

La autora remarca la relación entre la mujer, la literatura y la libertad. En su época, pero también en esta, 100 años después. Con una prosa lúcida y profundamente reflexiva, Woolf plantea una premisa: simple y potente a la vez: para que una mujer pueda desplegar todo su potencial creativo necesita independencia económica y un espacio propio, tanto físico como simbólico. Decir esto en 1929, cuando la mujer recién comenzaba a asistir a la universidad y a votar, o participar en la vida pública, fue revolucionario. 

A partir de esta idea, la autora recorre la historia de la exclusión femenina en el ámbito cultural: la falta de acceso a la educación, la desigualdad en bibliotecas y universidades, la dependencia económica y las limitaciones sociales que silenciaron o dificultaron, la voz de tantas escritoras. Con ironía y sensibilidad, Woolf "imagina" lo que habría ocurrido si Shakespeare hubiera tenido una hermana con el mismo talento: ¿habría podido escribir, ser leída, trascender?

Es un despliegue de agudeza e imaginación a los que nos tiene acostumbrados esta autora. Invita a pensar la escritura femenina no como un eco subordinado al canon masculino, sino como una voz autónoma, libre de las cadenas de la tradición patriarcal. Su llamado sigue siendo actual: la necesidad de que las mujeres conquisten su derecho a crear, a ser leídas y reconocidas como sujetos plenos de la literatura. Más allá de la denuncia, Woolf abre un horizonte de posibilidades, para pensar y reflexionar.

Un cuarto propio no queda solo en un ensayo, sino que es una obra compleja y actual, que interpela directamente al lector. Es una mezcla de análisis crítico, junto a una narración íntima y personal  acompañada de una mirada visionaria, son los ingredientes que convierten al texto en "imprescindible"  para lectores que deseen comprender las tensiones entre género, poder y creación artística, no son nuevas ni millenials y que vienen de muchos años atrás.

Flora Tristán. Una mujer sola contra el mundo. 1838

Dato interesante: Este diario fue publicado en 1838, como Pérégrinations d'une paria (Peregrinaciones de una paria).

La historia transcurre en Francia a mediados del siglo XIX, pleno auge de las ideas de la Revolución Francesa, y la Revolución Industrial en Inglaterra. Es el nacimiento del socialismo utópico, que critica las condiciones de vida de los obreros de las incipientes fábricas. 

Flora Celestine Thérese Henriette Tristan y Moscoso es la hija de Mariano Tristán Moscoso, militar aristócrata peruano, y Therese Laysné, de origen francés. Su padre muere cuando Flora tiene solo 5 años y en ese momento termina la época de bonanza de la familia. Las últimas palabras de Mariano son “hija te queda Pío” el tío influyente y rico que vivía en Perú. 

Pasa el tiempo, Flora y su madre se mudan a un barrio marginal parisino, donde Flora comienza a trabajar a edad muy temprana, y se casa con un hombre llamado André Chazal, con quien tiene 3 hijos. Solo sobrevive una hija, Aline Chazal.

El matrimonio es un verdadero infierno, una prisión para Flora quien es ávida lectora de las nuevas ideas socialistas.

Flora abandona a su marido y se embarca en “Le Mexicain” cruza el Atlántico, hacia Perú. Allí va a ver a su familia paterna, los Tristán Moscoso, una familia peruana, rica e influyente. 


Flora es inquieta y comprometida con su tiempo, es rebelde e inspirada por las ideas de la época, también ella comienza a escribir y a denunciar. La pobreza y la opresión de la mujer van forjando su personalidad. 

En Perú, se da cuenta de que la situación de las mujeres no es muy distinta de lo que había visto en Europa y en el Caribe, y además sufre una gran decepción con su tío, quien le niega toda herencia.

Flora vuelve a Francia, se dedica a escribir, a reclamar y a denunciar. Participa de grupos literarios, de mítines políticos. 

Llega a tener reconocimiento popular, se rodea de intelectuales y políticos y se va convirtiendo en una figura pública. Los obreros la adoran y ella es una oradora que cautiva a las masas. Escribe varios libros, para “educar” a los obreros y que estos puedan reclamar sus derechos, y a la vez, tiene ideas muy utópicas que pretende llevar a otros países. Es así como viaja a Inglaterra, donde conoce de cerca las terribles condiciones de vida de los obreros.

Flora escribe, y cuando no encuentra editor para sus libros, hace colectas y los edita ella misma con donaciones que le hacen los proletarios.

Pasan los años y su hija Aline se casa y tiene un hijo, rebelde, viajero y parecido a su abuela, llamado Paul Gauguin. 

Flora muere a los 41 años, agotada, pobre y enferma de tifus. Es un símbolo de las primeras luchas feministas y obreras, reclamando una sociedad más justa e igualitaria para las mujeres de mediados del siglo XIX.

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