En septiembre me dediqué a releer los clásicos de Virginia Woolf.
En esta ocasión, Orlando. Quizás, sea el primer transgénero de la literatura, escrito en 1928.
Es, sin lugar a dudas, una de las novelas más singulares del modernismo inglés. De hecho, la primera vez que lo leí, no lo entendí, casi no me di cuenta, en que momento se convirtió en mujer y pensé que me había salteado una parte del libro.
Bajo la apariencia de una biografía —aunque es en realidad una sátira del género—, la autora narra la vida de un joven aristócrata que, tras vivir siglos sin apenas envejecer, se transforma en mujer. Con esta metamorfosis fantástica, Woolf cuestiona la rigidez del género, la identidad y las convenciones sociales: el alma, parece decirnos, no conoce de sexos, y las diferencias entre hombres y mujeres son construcciones culturales. Orlando, ahora renacido como mujer, no deja de vivir aventuras y cruzar fronteras y culturas. Con esto, la autora, nos dice muchas cosas, la personalidad y el género es una construcción social, nada cambia aunque cambia todo. Orlando es aceptado y nadie duda que sea la misma persona.
La novela es también una carta de amor a Vita Sackville-West, amiga y amante de Woolf, a quien la escritora quiso consolar por la pérdida de su herencia, negada por ser mujer.
Además, habla del trabajo aburrido y rígido del biógrafo (un guiño a su padre, quizás) porque siempre debe atarse a la verdad, aunque esta sea disparatada o increíble. Siempre debe contar lo que sucedió, aunque cueste creerlo. Es una novela con varias capas de lectura. Se la puede leer varias veces y van a descubrir múltiples facetas.
El estilo poético y alegórico convierte Orlando en una lectura exigente, pero a la vez, fascinante: mezcla sátira, manifiesto feminista y relato amoroso. La edición de Lumen (2014) recupera además la célebre traducción de Borges, pieza clave para entender cómo llegó Woolf a los lectores de habla hispana.
Hay que tener en cuenta el contexto histórico. El clima de la época era un poco asfixiante para una mujer, y especialmente mujeres con inquietudes literarias como Virginia Woolf. La mujer estaba relegada a la vida, de hogar y familia, y la literatura era una forma de escape, de dejar volar la imaginación, como bien lo demuestra la autora con la metamorfosis de Orlando. Es decir, que en la escritura todo es posible. No así en su época.
Orlando sigue siendo, un siglo después, un himno literario a la libertad de ser y de escribir.