La trama del pasado es una novela histórica, continuando la historia de la familia Osorio. Transcurre el año 1840, cuando llegan desde Vigo (Galicia) dos aristócratas españolas, doña Leonarda Arias de Ulloa y su hija Ignacia. La madre viene a poner en orden relaciones y cuestiones del pasado con la familia. Y su hija viene escapando de un matrimonio fallido. Abandonó a su marido y escapó, llevándose con ella el halcón peregrino favorito de su marido llamado Zegrí. Es una mujer valiente, que practica esgrima y sabe disparar. Otra mujer apasionada que se sale del molde de las mujeres de la época, de las cuales en la familia Osorio hay otras como Laura y Luz. Prima y hermana de Fernando, respectivamente.
Entre Fernando e Ignacia surge, primero, admiración, luego complicidad, y luego se enciende la pasión, que queda a cuenta de la imaginación del lector, porque en el libro solo se sugiere hacia el final. La autora retoma personajes e historias de libros anteriores como "En tiempos de Laura Osorio" y "Como vivido cien veces" y resucita antiguos rencores y viene a cobrar venganzas del pasado.
En este libro, Fernando Osorio tiene una participación activa en la lucha contra los mazorqueros de Rosas. En esas largas luchas y ausencias de su estancia, Los Algarrobos, una gran pérdida. Indios pampas, sanguinarios y violentos, asaltan, violan y dejan en agonía a Calandria, su mujer. Ella era una negra, ahijada de la negra Severa, antigua nodriza y ama de servicio de la familia. Aparece en el libro "Como vivido cien veces". Severa, Calandria y su hermana Luz son las grandes compañeras de Fernando Osorio, alias el "Payo". Calandria y él eran amantes desde casi niños. Tenían un hijo, mulato, Lucien. Al morir Calandria, Lucien, queda al cuidado de la tía de Fernando, Mercedes. Esta lo cuida con amor, a pesar de que el chico es indomable y rebelde, criado como un salvaje, según las señoras de la casa.
De ahora en más, Fernando Osorio vive para vengar la muerte de su mujer. Es así como reúne a sus lanceros ranqueles, toman "justicia por mano propia" y se disponen a salvar a los presos políticos injustamente, recuperar documentos de expropiaciones de estancias de antiguas amigos y vecinos, incluida su propiedad, "Los Algarrobos" y limpiar a la ciudad de los salvajes mazorqueros que acechan a los vecinos y amenazan la "castidad y virtud" de las mujeres de buenas familias de Córdoba que ya no pueden salir ni para ir a misa, de tan violenta que se han vuelto las calles de la ciudad.
La narrativa de Cristina Bajo es ágil y dinámica, esta novela es una aventura en tierras inhóspitas y salvajes, las pasiones y las venganzas están a la orden del día. La pintura de época de la sociedad en Córdoba y Buenos Aires, allá por el año 1840, cuando transcurre la historia, es fascinante y cautivadora, al punto que no se puede abandonar la lectura.